Homenaje a Miguel Angel Ariza

El pasado 8 de Diciembre, mientras escalaba en La Mojarra, una imponente roca localizada en la Mesa de los Santos en Santander, Miguel Angel Ariza, un extraordinario joven de 18 años, quien en los últimos meses entrenaba continuamente en Gran Pared, sufrió un accidente cerebrovascular.

Infortunadamente y de forma inesperada esta situación tuvo un resultado fatal, falleciendo el 15 de Diciembre en la Clínica Chicamocha de Bucaramanga.
La existencia de Miguel Angel fue increíble, pues en tan poco tiempo marcó la vida de muchas personas que tuvieron la fortuna de conocerlo. Estaba dotado con los mejores dones que pueda tener una persona. A pesar de su inteligencia impresionante, era excesivamente sociable, y su sentido del humor era inigualable. Junto a este gran carisma estaba su espíritu noble y maduro, nunca se disgustó con nadie, aunque alguien se molestara con él. Simplemente esperaba a que al otro se le pasara el mal genio para volver a tratarlo como si nada. No daba consejos pero sabía escuchar y aunque él no se diera cuenta su ejemplo de vida fue el mejor consejo que pudo regalar a sus amigos.

318744_239575229497583_210778136_n

Miguel Angel se graduó del colegio en el 2010 y gracias a que fue el mejor bachiller de Colombia en ese año, obtuvo una beca que le otorgó el presidente de la república, para estudiar en la Universidad de los Andes. Llegó a vivir a Bogotá a comienzos de 2011 y a pesar de que no fue fácil por sus escasos 15 años y porque se encontraba solo, comenzó a cursar Matemáticas y Literatura simultáneamente. Siempre fue un apasionado por el deporte. Practicó tenis, basquetbol y ciclomontañismo, hasta que en el 2012 comenzó a escalar, y en poco tiempo la escalada se convirtió en su gran pasión. Durante el 2013 alternó sus estudios con la escalada en Gran Pared, donde entrenaba mínimo cuatro veces por semana y donde participó en forma destacada en algunos torneos. Su meta era llegar a ser el mejor escalador de Colombia, para lo cual entrenaba no solo con su cuerpo sino también con su mente, ya que siempre analizaba su desempeño tratando de corregir errores.

Su inexplicable partida dejó sumidos en la tristeza y el desconcierto a sus amigos, a su familia y en especial a su mamá y su abuela con quienes vivía en Bucaramanga. Durante estos dos últimos meses Miguel Angel ha sido objeto de varios homenajes por parte de las facultades de Matemáticas y de Literatura de la Universidad de los Andes y de su grupo de escalada en Bucaramanga.

A continuación pueden leer el mensaje de Juan José Polanía, quien más que su entrenador en Bucaramanga se convirtió en su amigo, y que sintetiza el sentimiento de quienes llegaron a conocerlo. Posteriormente hallaran un cuento sobrecogedor que escribió Miguel Angel antes de cumplir 14 años y que plasma su pasión por la vida.

Palabras de Juan José Polanía en el homenaje realizado en la Mojarra:
“Siempre era un motivo de felicidad compartir su charla. Su increíble fuerza interior era sumamente inspiradora. Su brillantez se extendía a quienes se posaban cerca, era fenomenal escucharlo. Se dice que son los años los que nos permiten trascender, que son los días y las noches vividas las que nos colman de sabiduría, pues bien, hoy puedo decir que un adolescente maravilloso me enseñó muchas cosas del vivir, marcó en mi interior la forma de actuar frente a muchas situaciones. Sus frases, sus gestos, su percepción, su capacidad de análisis, no correspondían a sus escasos 18, es como si la sabiduría hubiese nacido con él, es como si tuviese toda la experiencia de muchos años de vida.
Migue nos dejó. Se fue sin haber herido a nadie, sin cometer falta alguna, sin fallar. Todos los aquí presentes lo recordaremos por sus aciertos, por su talento, por su disciplina, por su motivación. Jamás lo vi ofrecer una disculpa, porque en su manera de vivir jamás estimó lastimar, su inocencia era su fuente de energía.
Estoy completamente seguro que vivió cada instante. No concebía la vida vivida a medias, no tenía tareas por hacer porque no dejaba asuntos inconclusos. Logró lo que quiso, lo hizo bien, lo hizo de manera ejemplar. Preguntaba siempre, aprendía todo, no era necesario repetirle nada, su inteligencia desbordaba mi deseo de enseñarle. Su amistad fue un regalo por el que no hice ningún mérito, es un orgullo para todos nosotros haber podido estrechar su mano, su imagen será perenne, ocupará para siempre un espacio en nuestras vidas. Ha valido la pena recorrer el camino de nuestras vidas por el hecho de caminar un par de pasos a su lado. Decir que fuimos sus amigos es un orgullo, saber que nos regaló una pizca de su talento es inconmensurable. Para quienes compartimos la pasión que fue su pasión, nos queda la premisa de hacer que valga la pena, desde el hermoso lugar en el que está ahora sonreirá al vernos seguir luchando.
Gracias amigo, has sido y serás fuente de mucha inspiración”.

Reminiscencia del Común
Por Miguel Angel Ariza (Publicado en Mayo de 2009)
Ya siento la noche caer, el crepúsculo se acerca, y con él yo partiré, no quedará nada que me ate a este mundo, ni un pensamiento, ni un ideal, solo el vago recuerdo de aquellos que me conocieron, pero esto se perderá, se irá desvaneciendo, como la neblina en un huracán.
Recuerdo las oportunidades perdidas, los años malgastados en los que me fui amalgamando con la uniformidad, cuando se suprimió mi potencial, cuando mis ojos perdieron el brillo y la esperanza se fue, recuerdo como le di la espalda y la dejé partir.
Con los años seguí ahogándome en el mar de la supresión, olvidé el olor de las flores al amanecer y la majestuosidad de las estrellas en una noche azulada, recuerdo como nunca pude contemplar el solemne nado de los delfines con un cielo nacarado. Todo esto lo reemplacé por banalidades que por muchos años consideré el motivo de mi vida.
Me retuerzo en mi interior y lloro para adentro, pues es lo único a lo que le puedo llorar. Puedo palpar el caudal de desolación que corre en mi interior, mares de nostalgia, todos arremolinándose para formar una sola y única barrera, ya siento el final, lo siento.
Hago un desesperado intento de creer que todos estos años solo fueron una pesadilla y que en cualquier momento despertaré para ver la cálida sonrisa de una madre cariñosa. Una corriente de aire eriza mi piel y me obliga a abrir los ojos, apenas para confrontarme con lo ineluctable, la sombra de cuatro jinetes estremece mi interior y desata todos mis temores, la barrera se desmorona y ahora solo estoy yo, solo yo.
Puedo sentir como caigo en un pozo infinito, en el abismo del olvido, ahí es cuando me doy cuenta de que todo acabó, o ¿tal vez lo hizo en el momento en el que las nimiedades suprimieron mis pensamientos más puros?, no lo sé, pero ya no hay tiempo para pensar, pues cuatro jinetes me agarran y despedazan mis ideas, asesinan mis ideales y con ellos parto yo.

  • Desconsolada

    No puedo creer que ese niño tan lindo haya partido. Tengo que confesar que era mi amor platónico. Una vez se cruzaron nuestras miradas y quedé impresionada por sus hermosos ojos verdes. Además parecía mayor, tal vez por lo alto y porque se veía muy musculoso. Nunca le hablé, porque las veces que lo ví parecía muy concentrado entrenando y yo siempre decía, mañana o la próxima vez lo abordo. Ahora descubro que no solo era espectacular por fuera sino que era una de esas personas increíbles. ¿como es posible que algo tan injusto suceda?

  • Fernando

    Conozco, porque es mi compañera de trabajo, a la mamá de Miguel Angel. Quedo estupefacto de ver la magna labor de una madre para con su hijo. Tarde que temprano tendremos que rendir cuenta del trabajo encomendado con nuestros hijos , se que en su interior existe una gran satisfacción por EL DEBER CUMPLIDO , esa grandeza , talante, sabiduria y madurez , no es propio de muchos de nosotros. Me siento muy orgulloso de poder tener cerca a la madre de un ser tan especial, que aún sin conocerlo me ha dejado una gran enseñanza: cómo a menudo los seres humanos malgastamos nuestra vida , nuestro tiempo , una gran paradoja de la experiencia de pocos años con el ” arte de saber vivir “.

  • Gloria Aydeé

    Este mensaje es para Fernando. En realidad yo no hice nada. Hoy estoy convencida que Miguel Angel es, donde quiera que esté, un ser superior, que vino por un breve lapso a irradiar su luz entre nosotros, y que por una razón que no entiendo aún, se marchó, Es muy difícil, después de haber tenido el honor de compartir con él, ya no poder gozar de su magnificencia. Las personas que lo amamos nos encontramos en este momento a la deriva. Tal vez algún día entendamos su extraña partida. Para que entienda nuestro sentimiento de terrible pérdida, le comparto unas palabras que escribió mi hermano Leonardo, quien era muy cercano a él a pesar de que reside en Australia:

    Del Movimiento Circular Uniforme

    Miguel Angel

    Una de las contribuciones más grandes que me diste fue enseñarme a abandonar cosas
    que no se hacer muy bien.

    Ya en tu niñez me ganaste la primera partida de ajedrez. El cambio de poder del profesor al estudiante fue corto y brutal.

    Nunca volví a ganar, nunca volviste a perder.

    Yo, que me deleité de la estrategia del juego mucho tiempo antes de que nacieras, pero
    no pude nunca entender su esencia de esa manera que era tan natural para ti. Yo que soy un buen perdedor, nunca volví a jugar.

    Esos abandonos se repitieron con muchas otras cosas que compartimos, desde juegos de
    computador hasta cierto tipo de libros que con el tiempo yo catalogué de ostentosos mientras tú los saboreabas.

    La noche que más atesoro de uno de esos encuentros contigo fue cuando aún estabas
    en el bachillerato. Fuimos a caminar juntos y se supone que yo tenía que ‘ponerte al margen’ pues te estabas portando mal en el colegio. Había quejas y profesores abochornados.

    Yo que siempre fui mal recipiente de esas charlas tampoco pude darlas muy bien. Sin
    embargo pregunté “¿Cuál es el problema?” Tu respiraste profundo y me dijiste
    arrogantemente “No sé, pero creo no soy yo sino que los profesores son estúpidos,
    imagínate que el profe de física no parece entender la belleza del movimiento
    circular uniforme”. Yo te pasé dos frases cortas y no hablé más del tema. Ya en
    mi casa, dediqué mi tiempo al estudio del movimiento circular uniforme que
    nunca había sido nada espectacular en mis días de secundaria. El número pi que
    te gustaba tanto y la velocidad uniforme me tomaron muchas horas. Y creo que
    por un segundo o máximo dos saboreé lo que decías. “Profesores estúpidos”, pensé
    yo.

    Y así fue el resto de tu vida, te la pasaste enseñándonos tantas cosas que no sé si
    te servimos para nada. Fuimos alrededor de tu dulzura y nobleza una mancha que
    quita el brillo.

    Lo único que sé con certeza y de lo que no nos podemos arrepentir es de haberte querido tanto. En eso estamos en paz esos cercanos a ti: tu mami, tu mama, tus tíos, tus primos, familia y amigos que te dijimos que te amábamos y tú siempre lo supiste y aceptaste. Te amamos y te malcriamos, porque se nos dio la gana y porque te lo merecías.

    Cuando venía en el avión preparé una lista de preguntas que te haría, pues de alguna
    manera me tienes que responder por lo que hemos perdido.

    Tú, soñador de los terrenos y las claves,

    ¿Dónde está esa tarde en que sentado en mi sofá me contarías de tu último cambio de
    carrera?

    ¿Dónde está ese nuevo abandono que me impondrías?

    ¿Dónde está tu torpeza para hacerme reír?

    ¿Dónde está el barco que te llevaría a luchar numerologías en un país anciano?

    ¿Dónde está esa mujer que te amaría hasta chuparte los dedos?

    ¿Dónde está ese horizonte que te doblegaría con una mezcla de lágrimas y felicidad a
    tu mediana edad?

    ¿Dónde está ese poema que me escribirías cuando esparcieras mis cenizas en un río sin
    nombre?

    Tú, el hombre del plan maestro

    El de la llave que abre mundos.

    Respóndeme

    Yo te hablaba de todas esas ciudades con lugares secretos y conciertos clandestinos y tú te deleitabas.

    Tú, caminante en arenas que se cortan a tu paso y se desmenuzan en el viento.

    Mi tristeza va más allá de lo que te puedo perdonar.

    Al fin y al cabo tú estarás sonriendo en estos momentos, mirando los cachivaches
    absurdos de un mercado en Vietnam, y nosotros aquí perdidos por ti y en ti, ciegos de nuestro abismo. Las piedras sin forma en un derrumbe sin fondo.

    Si te he de perdonar algún día es porque te llevaste un pedazo de mí que quiero de
    vuelta.

    Tú mi hijo, que siento como si te hubiese parido arrastrándome y hurgando la tierra con mis uñas.

    La herida es absurda y profunda y siempre va a estar ahí.

    Me imagino qué pensarías si nos vieras aquí, y ya lo sé, insistirías en que todo siguiese su curso, te empeñarías en que de esta pesadilla surgiese un propósito.

    Así, como tú lo quieres, obedeceremos, juntaremos nuestras piezas y comenzaremos otra vez, aun aunque aceptemos que el resultado será imperfecto y vacío.

    Solo porque me parece escucharte exigiéndonoslo, sobre tu muerte edificaremos nuestras vidas.

    Nos reconciliaremos y abrazaremos, parte en pena y parte en esperanza y nos querremos pues tú nos lo exiges en tu hora.

    Y saldremos al parque y a la esquina

    Y andaremos de cantantes y vencedores

    Y compraremos helados y los compartiremos.

    Hoy, y solo por un momento, déjanos llorar así no te guste, déjanos solo un rato y un rato solamente.

    Pero vuelve a recordarnos si ves que no somos fuertes,

    Corrígenos sin pena,

    Márcanos,

    Si ves que cerramos nuestro entendimiento y que perdemos el camino.

    Leonardo Ariza,
    Diciembre de 2013

    • Alvaro Plata

      Que hermosas palabras, Leonardo…

  • Daniela

    Aunque no fue mucho el tiempo que pude compartir con Migue, fue suficiente para saber la calidad de persona que era, siempre con esa gran sonrisa en su rostro, su forma de actuar y la manera como demostraba que disfrutaba la vida. Para mí sigue siendo increíble todo lo que pude aprender de él.

    Hay un momento que pase con Migue que está muy presente en mi mente: “Estábamos en el muro, Migue se subió a una parte que es una especie de techo y agarrado de ahí me
    miro, sonrió y con un poco de duda dijo: – ¿será que alcanzo a llegar allá?- Se refería a saltar de ese pequeño techo donde estaba, a una pared inclinada que se encontraba no muy cerca. Yo lo miré, sonreí y le dije: -no sé-. Él saltó, llegó al otro lado, volteó, me miró, sonrió y me dijo:- sí, sí se puede-”.

    Recuerdo esto a diario, al principio me preguntaba por qué esto es tan importante para mi si no es algo del otro mundo, pero luego me di cuenta que si es importante, ha aportado
    mucho a mi vida, es específicamente este hecho el que me recuerda que a veces tenemos dudas, miedo o no estamos seguros de intentar algo, pero lo que realmente vale es hacer el intento y luego demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces y que es posible, se pueden lograr las cosas, se pueden superar obstáculos.